domingo, 7 de septiembre de 2014

Para vivir sólo necesito.


Sólo necesito el mar y las rocas para vivir.
La brisa marina, fresca, que pasa ligera entre tu cabello y tus frías mejillas, que ondea tu silueta, que produce escalofríos. La brisa que susurra el nombre de las olas, que te cuenta los secretos del mar, los secretos del horizonte y la infinidad.


Sólo necesito el mar y las rocas para vivir.
La arena seca que guarda los rayos del sol para quemar la planta de tus pies; que se cuela entre tus dedos y se pega a las hebras de tu pelo. Y la arena húmeda, que se imprime de nuestras pisadas, donde sembramos nuestro camino, donde dibujamos corazones con las iniciales de nuestros nombres, creyendo que serían historias eternas.


Sólo necesito el mar y las rocas para vivir.
Y las olas, con sus miles de secretos, la espuma que te cuenta mágicas historias que quieres creer para sentirte parte del cuadro que estás observando. La marea que inspira tus sueños y que recoge tus malos pensamientos.
 

Sólo necesito el mar y las rocas para vivir.
La roca donde te recuestas para recibir el calor del sol sobre tu cuerpo; donde escuchas el reventar del mar. Sí, esa roca que corta el flujo del océano, que detiene su camino y aprisiona lo único libre que creías que existía.


Sólo necesito el mar y las rocas para vivir.
Y el firmamento reflejado en los azules del océano. La luna mirándose coqueta, sonriendo a su propio reflejo.

Y a ti. A tu silueta moldeada con la luz de la noche que entre a través de la ventana. La brisa que mece tus ropas y me permite la dulzura de tus curvas. Tus labios fríos y secos, el sabor a sal marina de tu piel. Tus huellas en la arena húmeda, que se las lleva el mar, al igual que los dibujos de los corazones y las iniciales de nuestros nombres.


Para vivir sólo necesito tu silueta saltando desde la roca hacia el mar.

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