Sólo necesito el mar y las rocas para vivir.
La brisa marina, fresca, que pasa ligera entre tu cabello y
tus frías mejillas, que ondea tu silueta, que produce escalofríos. La brisa que
susurra el nombre de las olas, que te cuenta los secretos del mar, los secretos
del horizonte y la infinidad.
Sólo necesito el mar y las rocas para vivir.
La arena seca que guarda los rayos del sol para quemar la
planta de tus pies; que se cuela entre tus dedos y se pega a las hebras de tu
pelo. Y la arena húmeda, que se imprime de nuestras pisadas, donde sembramos nuestro
camino, donde dibujamos corazones con las iniciales de nuestros nombres,
creyendo que serían historias eternas.
Sólo necesito el mar y las rocas para vivir.
Y las olas, con sus miles de secretos, la espuma que te
cuenta mágicas historias que quieres creer para sentirte parte del cuadro que
estás observando. La marea que inspira tus sueños y que recoge tus malos
pensamientos.
Sólo necesito el mar y las rocas para vivir.
La roca donde te recuestas para recibir el calor del sol
sobre tu cuerpo; donde escuchas el reventar del mar. Sí, esa roca que corta el
flujo del océano, que detiene su camino y aprisiona lo único libre que creías
que existía.
Sólo necesito el mar y las rocas para vivir.
Y el firmamento reflejado en los azules del océano. La luna
mirándose coqueta, sonriendo a su propio reflejo.
Y a ti. A tu silueta moldeada con la luz de la noche que
entre a través de la ventana. La brisa que mece tus ropas y me permite la
dulzura de tus curvas. Tus labios fríos y secos, el sabor a sal marina de tu
piel. Tus huellas en la arena húmeda, que se las lleva el mar, al igual que los
dibujos de los corazones y las iniciales de nuestros nombres.
Para vivir sólo necesito tu silueta saltando desde la roca
hacia el mar.

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